Pompeya, la ciudad que se detuvo en el tiempo

No hay duda de que Italia es uno de los países preferidos por los turistas. La belleza de sus parajes, su rica gastronomía y una cultura milenaria son los principales atractivos del país mediterráneo.

De hecho, el volumen de visitantes es tal que en algunas zonas, como Venecia, Florencia, Cinque Terre o Civita di Bagnoregio, se han visto obligados a limitar el número de visitantes que acogen a diario a través del pago de una entrada. La visita a Roma, y a la mayor parte de sus monumentos, sigue siendo gratuita, por lo que la capital se erige como la urbe más turística del país.

No obstante, las maravillas de Italia se cuentan por cientos y hay algunas que son todo un sueño para los amantes de la historia. Pompeya es una de ellas. La ciudad que el Vesubio arrasó hace casi dos mil años y que fue descubierta en el siglo XVIII, sigue siendo, a día de hoy, una de las principales fuentes de información sobre cómo era la vida en la Antigua Roma. Si bien sabemos que a los romanos les debemos inventos como el suelo radiante, el hormigón, las carreteras, la encuadernación de libros e incluso diferentes formas de ocio como los dados, poco es lo que conocemos sobre su modo real de vida más allá de los documentos dejados por los cronistas de la época. No obstante, estas fuentes no son siempre fiables. Hasta hace bien poco, los historiadores consideraban que la erupción del Vesubio que destruyó Pompeya tuvo lugar en el mes de agosto en base a un relato de Plinio el Joven. Sin embargo, el descubrimiento de una inscripción de una fecha posterior ha llevado a los expertos a retrasar en el tiempo la erupción hasta el mes de octubre. Esta es, de hecho, una teoría que un gran sector de los historiadores lleva defendiendo desde hace años, alegando que gran parte de los restos humanos encontrados portaban pieles y ropas de abrigo.

Independientemente del momento exacto en el que tuvo lugar la erupción, lo que debe importarnos es que gracias a ella y a sus efectos podemos hacernos una idea de cómo era la vida en una ciudad romana de rango intermedio.

 

Descifrando los restos de Pompeya 

Una de las cosas que deja claras Mary Beard, historiadora y experta en la civilización romana, es que la Pompeya que hoy podemos visitar no es la Pompeya de la antigüedad, sino una reconstrucción de la misma. Esto es algo que no todos los visitantes tienen claro, pero que parece lógico si tenemos en cuenta que la ciudad fue sepultada. De hecho, pocos años antes de la erupción del Vesubio, Pompeya sufrió un terremoto muy fuerte que dejó dañadas varias edificaciones importantes, por lo que muchos expertos señalan que los restos encontrados son los que existían en la época romana, pues a los ciudadanos de Pompeya no les habría dado tiempo a reconstruirlos en su totalidad. Además, también debemos tener en cuenta que Pompeya fue víctima también de un importante bombardeo durante los años 40 que afectó especialmente al teatro y al foro.

Con todo, los trabajos de reconstrucción han sido muy meticulosos y también es importante señalar que gran parte de los restos encontrados, sobre todos los frescos de las casas, se encontraban en muy buenas condiciones. Estas labores han permitido reconstruir la ciudad y esto es algo que debemos tener en cuenta si decidimos visitar Pompeya: no estamos visitando un único monumento sino toda una ciudad. Esto es importante puesto que mucha gente planea una visita de una o dos horas, lo que es insuficiente para poder disfrutar de la totalidad de Pompeya.

Además de pasear por sus calles adoquinadas y sentirte trasladado a otra época, no podéis dejar de visitar el Foro, que era el auténtico corazón de la ciudad en el cual se llevaban a cabo debates, eventos públicos, tratos comerciales, etc. Muy cerca de él se encuentra el Templo de Apolo, cuyas estatuas originales se encuentran hoy en día en el Museo Arqueológico de Nápoles, y el Templo de Júpiter, que fue gravemente dañado en el terremoto mencionado con anterioridad. El Templo de Isis, por el contrario, corrió mejor suerte y fue reconstruido de forma rápida tras el seísmo.

 

Templo di Giove pompeya

 Fuente: Wikimedia//Mentnafunangann // CC BY SA 3.0

 

Templo de Júpiter

También es imprescindible la visita al Teatro Grande, construido alrededor del siglo II a.C, y al Teatro Piccolo, muy próximo al anterior pero de menor tamaño. Pompeya contaba además con cuatro termas públicas, espacios dedicados a la higiene personal pero que también servían como punto de encuentro y ocio para los pompeyanos. Las de mayor tamaño y mejor conservadas son las Estabianas, a las que debemos sumar las del Foro, las Centrales y las Suburbanas.

 

Caldarium de las termas pompeya

 Fuente: Wikimedia // Miguel Hermoso Cuesta // CC BY SA 4.0

 

Termas del Foro

A las termas, debemos sumarles la Palestra Samnita y la Palestra Grande como las principales instalaciones pompeyanas dedicadas al ocio y a la práctica del deporte. En la primera se encontró una copia del famoso Doríforo de Policleto. La segunda, por su parte, contaba con una piscina que alcanzaba los 2,60 metros de profundidad.

El Lupanar es uno de los espacios más curiosos de toda la ciudad. Se trata de una edificación de dos plantas que funcionaba como prostíbulo de la ciudad. No obstante, lo interesante no es la función de la construcción, sino los frescos que en ella se encontraron. Los romanos no dejaban nada a la imaginación…

Otras edificaciones a visitar son el Macellum, que era el principal mercado de la ciudad; la Basílica, que junto con el Foro era la construcción más importante de Pompeya, y el edificio de Eumaquía, que estaba destinado al gremio de los lavanderos y tintoreros.

 

foro de pompeya

 Fuente: Wikimedia // CC BY SA 3.0

 

En cuanto a las construcciones privadas de los pompeyanos, destaca la llamada Casa del Fauno, denominada así porque en su interior se encontró una pequeña estatua de un fauno danzando. Se trata de una de las casas más lujosas de la ciudad y también de una de las más antiguas, puesto que su origen se sitúa en la época samnita. En una de las salas principales se encuentra el Mosaico de Alejandro, considerado como el más antiguo que ha sido descubierto, que muestra la batalla de Alejandro Magno contra Darío III.

 

Alexander batalla de issus

Fuente: Wikimedia

 

La Casa del Poeta Trágico contiene una gran variedad de mosaicos, mientras la llamada Casa de Amaranto albergaba en su planta baja una taberna, aunque el deterioro de los restos encontrados hace pensar a los expertos que en el momento de la erupción no se encontraba operativa y simplemente era usada como almacén. La Casa de la Columna Etrusca recibe esta denominación porque en medio de dos salas se encuentra una columnata etrusca datada en el siglo VI a.C y que pertenecía a un santuario. Los pompeyanos construyeron la vivienda a su alrededor y la mantuvieron previsiblemente como símbolo de respeto.

A pesar de que son muchos los frescos que se han rescatado de Pompeya, sin duda alguna los más espectaculares son los de la Villa de los Misterios que destacan por su color rojo intenso.

 

mural pompeya

 Source: Flickr // CC BY 2.0

 

Y tampoco se puede marchar uno de Pompeya sin haber pasado por el Orto dei fuggiaschi, aunque su visita no es muy agradable. Se trata de un espacio en el que se encuentra el vaciado de varios cadáveres encontrados en la ciudad.

 

Fuggiaschi Pompeya

Fuente: Wikimedia // CC BY SA 4.0

 

Estos son los puntos más importantes de Pompeya, pero los restos arqueológicos de la ciudad esconden una historia en cada esquina. Lo mejor es llegar sin un horario prefijado y dejarse empapar por la historia. Y si os quedan fuerzas y ganas de seguir descubriendo la civilización romana, muy cerca se encuentra la famosa ciudad de Herculano.

 

 

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